Hay cosas que se hacen con buena intención y acaban matando gatos. Esta es una de ellas.
Cada vez que alguien publica en redes sociales la ubicación exacta de una colonia felina —con dirección, con pin en el mapa, con fotos geolocalizadas— está regalando esa información a cualquier persona que quiera hacerle daño a esos animales. Sin filtro. Sin control. Para siempre.
No es una posibilidad remota. Es lo que ocurre.
Hay gente que odia a los gatos. Y sabe usar Google.
Esto no es una advertencia abstracta. En España hay casos documentados de colonias envenenadas, de trampas ilegales, de animales que aparecen muertos sin explicación aparente días después de que alguien con mala intención supo exactamente dónde encontrarlos.
Quien quiere hacer el mal no necesita vivir en el barrio, no necesita conocer a los cuidadores, no necesita más que una dirección y cinco minutos.
Tú se la has dado. Gratis. En internet.
«Es que los vecinos ya saben que están ahí»
Sí. Los vecinos del entorno inmediato, sí. Ese es un riesgo que existe y que los cuidadores gestionan día a día.
Pero hay una diferencia entre que un vecino malhumorado sepa que hay gatos en su calle y que cualquier persona en cualquier punto del país —o del mundo— pueda localizar tu colonia, planificar una visita y no encontrarse con nadie porque ya sabe cuándo no hay cuidadores.
Publicarlo en internet no informa al barrio. Informa a todos. Para siempre. Porque las publicaciones no desaparecen.
Lo que puede pasar cuando das esa información
Sin eufemismos:
Envenenamiento. Es lo más frecuente y lo más difícil de perseguir. Una colonia localizada con precisión es una colonia vulnerable a cualquier hora del día o de la noche. No hace falta ser valiente ni inteligente. Hace falta saber dónde ir.
Trampeo ilegal. Hay quien prefiere no mancharse las manos pero igualmente quiere que los gatos desaparezcan. Con la ubicación publicada, puede colocar trampas fuera del horario de los cuidadores, llevarse los animales y deshacerse de ellos sin que nadie lo vea.
Acoso a los cuidadores. Quien sabe dónde está la colonia sabe cuándo y dónde aparecerá la persona que la cuida. Hay cuidadores que han sido intimidados, insultados y agredidos. La información que publicaste les pone en el camino de quienes quieren hacer eso.
Denuncias coordinadas. Una dirección pública es munición perfecta para vecinos hostiles que quieren tumbar el programa CER. Basta con que la compartan entre ellos y organicen una campaña de quejas formales ante el ayuntamiento. Tú les has facilitado el trabajo.
Visibilidad no significa exponer a los animales
Entendemos que se necesite apoyo, donaciones, voluntarios. Que el trabajo con colonias merece reconocimiento. Todo eso es verdad.
Pero se puede hablar de cuántas colonias se gestionan sin decir dónde están. Se puede mostrar el trabajo sin entregar las coordenadas. Se puede generar confianza, apoyo y visibilidad sin poner en riesgo a los animales que supuestamente se están protegiendo.
El donante no necesita saber la dirección exacta. El voluntario nuevo tampoco, hasta que haya confianza verificada. Nadie que vaya a ayudar necesita esa información antes de que exista una relación de confianza real.
El único que la necesita desde el primer momento es el que quiere hacer daño.
Llamarlo transparencia no lo convierte en responsabilidad
Hay gente que publica estas ubicaciones convencidas de que están siendo abiertas, modernas, colaborativas. Y puede que así lo crean.
Pero la intención no protege a los gatos. Lo que les pasa a los animales no depende de lo bien que te sientas después de hacer una publicación.
Gestionar una colonia implica asumir una responsabilidad sobre esos animales. Esa responsabilidad incluye no facilitarle el trabajo a quien quiere hacerles daño. No publicar su ubicación exacta no es secretismo ni desconfianza: es la mínima precaución que cualquier persona que de verdad quiera protegerlos debería tomar sin que nadie se lo tenga que explicar.
Si publicas dónde están y algo les pasa, no será una tragedia imprevisible. Será una consecuencia de una decisión que tomaste tú.
Lo mínimo que se puede hacer
Las ubicaciones exactas, solo en manos de cuidadores activos y personas responsables. Con acceso restringido. Sin excepción.
Las fotos que se publican en redes, con la geolocalización desactivada. La mayoría de teléfonos la tienen activa por defecto. Compruébalo.
Si hay que compartir información con el ayuntamiento u otros organismos, que el tratamiento confidencial quede por escrito en el convenio.
A los voluntarios nuevos, referencias de zona. La dirección exacta, cuando haya confianza real y verificada.
No es complicado. No cuesta nada. Y puede ser la diferencia entre que una colonia siga en pie o que aparezca envenenada un martes por la mañana.
Comparte esto:
Relacionado
Descubre más desde Difusión Felina Pontevedra
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
