Como cada año, por estas fechas, nos preparamos para lo que sabemos inevitable, por mucho que deseemos equivocarnos por una vez en la vida.
Las camadas de gatos proliferan por los municipios de Pontevedra y muy pocos se libran de que esto suceda. Parece ser que somos los únicos existentes y capacitados para solventar estas situaciones, nosotros, las asociaciones protectoras de animales.

Los ancianos del lugar hablan de que, en escritos antiguos ya perdidos, se mencionaba a una figura que, según varias Leyes, es la responsable de hacerse cargo de estas situaciones, deambula por un edificio público que se encuentra dentro de vuestra propia ciudad, figura con el don de la ausencia para estos casos de urgencia.
En la Atenas de la Antigua Grecia, los ciudadanos, mendiante el ostracismo, tenían en sus manos el destino de aquellos políticos, que por su mala praxis o gestión de lo público, durante su mandato, eran considerados merecedores del destierro; lo dice la historia, no lo decimos nosotros …
En este año 2024 el caos y el horror empezó el 6 de marzo, apareciendo gatos en zanjas, tirados en la maleza, dentro de contenedores de basura (el medio favorito que usan los palurdos) y otros lugares terribles; en menos de dos meses hemos contabilizado más de 12 camadas y 26 gatos, no estamos contando los murieron por culpa de los que los abandonaron, que si no serían muchísimos más, y aun así seguimos esperando a que actúen los de siempre, sabiendo que su prioridad no son los gatos ni ningún otro animal, a menos que esté en un plato.

Sin casas de acogida, sin dinero, sin apoyo y cada vez con menos ganas de seguir, así es nuestro día a día; respondiendo mensajes -este año llevamos, solo en whatsapp, más de 176 conversaciones nuevas- mientras comemos en el coche, en nuestros descansos del trabajo, en un alto en los estudios, …
Nos llegan mensajes que nos desgarran la vida, que nos hacen perder la esperanza, que cada día nos van matando por dentro, poco a poco, …

y os los vamos a mostrar, mientras escribimos estas líneas con lágrimas en los ojos e ira en el corazón.

Pero seguiremos haciéndole el trabajo sucio a quien cobra, pero no por hacer su trabajo precisamente.
Ocultamos los nombres de los Concellos por miedo, sí, miedo a represalias que perjudiquen a los gatos, que ellos no tienen ninguna culpa en esta lucha, pero si un Juez nos los pidiese… ya sabéis lo que dice la Ley.
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